Folclore vivo

Que diferentes autores, a lo largo de la historia, hayan deformado la imagen que tenemos sobre la mitología en general, el folclore y sobre el animismo en particular calificándolo de religión, demuestra hasta qué punto el capitalismo, y, con él, algunas religiones androcéntricas han conseguido hacer bien su trabajo. 

Si las religiones androcéntricas han interferido de forma directa en la percepción que tenemos sobre las diferentes civilizaciones antiguas describiéndolas como salvajes y violentas, el capitalismo, además de interferir en lo anterior, también lo ha hecho en la percepción y relación que tenemos con la naturaleza. Ambos puntos se han retroalimentado entre sí llevándonos a la sociedad que tenemos hoy en día. Una en la que el ser humano vive desconectado de la naturaleza mientras crea muros entre sí. 

Cualquiera puede pensar que es natural, que lo “normal” es no creer en nada y ver el mundo sin esa pizca de sal con la que saborizar la realidad. Esto es porque relacionamos evolución e inteligencia con la no creencia, lo que nos lleva de nuevo al principio de este texto: el buen trabajo que han hecho el capitalismo y las religiones androcéntricas deformando e infantilizando creencias sanas que surgieron junto a nuestro pensamiento en la Prehistoria. Creencias desde el animismo a la existencia de seres feéricos (que nacen de esto último), que nos llevan a no querer explotar la tierra, los mares, los bosques… Se han ido deformando hasta convertirlas en cuentos infantiles, ecos del pasado hilados en historias que contar a los niños antes de dormir. 

Entonces, ¿cómo el ser humano del siglo XXI, urbanizado y reducido a números, va a creer que la naturaleza está dotada de vida? Y, peor aún, ¿cómo va a creer en su poder? Por suerte todavía retumban las historias de quienes nos precedieron. Como un susurro al oído, un recuerdo que no quiere morir esperando a ser contado de nuevo. Historias en las que los ríos se manifestaban a través de las ninfas o la tierra caminaba entre las raíces de los bosques con sombrero de leprechaun. Si vemos ambos seres como una forma de entender la naturaleza y no como meros personajes de cuentos infantiles, tal vez podamos acercarnos más a casa: el bosque.

La relación entre naturaleza y mitología es tan estrecha que la línea que las separa llega a difuminarse. Los seres humanos siempre hemos intentado entender lo que nos rodea a través de la alegoría, el simbolismo. Era así como nuestra relación con la naturaleza se estrechaba. Se realizaban ofrendas de semillas a los campos en primavera, vivíamos en una rueda estacional, los bosques no ardían… Ahora entendemos cómo funciona la naturaleza, pero no somos capaces de entender nuestra conexión a ella y convertimos el hecho de abrazar un árbol en algo ridículo. Nos creemos dueños de todo cuando no lo somos ni de nosotros mismos.

Es así, surgiendo de una necesidad, cómo abrimos una sección en el blog enfocada a nuestra casa, la naturaleza, y a los seres mágicos y fábulas que la han vestido siempre con un halo de misterio y magia… ¿Nos acompañas?

Aénida, personaje original (oc) de Andrea Dehm para Viajeramente

«El primer árbol del mundo vino volando en semilla mecida por el viento. A horcajadas, como si de un jinete se tratase, la guiaba en dirección la última de los elementales más menudos que ha conocido el planeta: Aénida, a la que siguieron las hadas de tierra convirtiéndola en el último vestigio de esperanza que les quedaba». Texto e ilustración de cosecha propia para el blog, ambos registrados ☾

¿Qué te parece esta iniciativa? Nos encanta estudiar las diferentes mitologías del mundo y creemos que para entender otras culturas, la mitología y el folclore son imprescindibles. Es ahí donde vemos la relación con los viajes, muchos de los cuales basaremos en leyendas (estamos muy emocionados). Esperamos que te parezca interesante… ¡Cuéntanos en comentarios!

Nota: en todo momento vamos a diferenciar nuestro propio bestiario de seres mitológicos de los ya existentes en diferentes mitologías, pero las ilustraciones, textos e imágenes que utilicemos serán siempre nuestras. Si quieres compartir algo, pregúntanos antes de proceder

¡Abrazo viajero!

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