Un imprescindible en Andorra es, sin duda, el Puente de la Margineda. Arqueándose sobre el río Valira, alcanza los 33 metros de longitud con un arco de nueve metros y medio de ancho. Esto hace que contemplarlo desde abajo sea una experiencia única.

El Puente de la Margineda se construyó en el siglo XV y es uno de los puentes medievales más grandes que se conservan en Andorra. De hecho, está situado en el antiguo camino real que conduce a la ciudad, cerca de San Julià de Loria.

Se trata de una estructura románica muy bien conservada y es totalmente gratuito disfrutar de la magia que desprende el lugar. Nosotros decidimos bajar a la orilla porque aunque el camino no está señalizado, es fácil acceder y merece la pena.

Nos gustó mucho estar allí y disfrutar del silencio. Es un puente que conecta lo urbano con la naturaleza. De hecho, al cruzarlo podemos pasear junto a la montaña por caminos de árboles en los que, si tenemos suerte, podemos ver alguna que otra ardilla. Nosotros no vimos ninguna pero pudimos avistar pequeños pájaros y muchas bellotas.

Puentes medievales en Andorra

Pasamos allí la segunda mañana del viaje y estuvimos tan a gusto y en paz que el tiempo se nos pasó volando. Fue divertido probar a hacer equilibrio con las rocas del río Valira y descubrir que, a veces, el silencio en compañía es el mejor plan.

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