Subida al Mirador del Garbí en Valencia

Antes de que llegase la pandemia ya llevábamos tiempo sin hacer ninguna escapadita al monte y cuando entramos en estado de alarma aquí en España empezamos a verlo todo mucho más lejano. Ahora, a pesar del calor, queremos hacer planes que no supongan mucho riesgo ante los nuevos brotes y pensamos que salir de casa a las 06:00 a.m e ir al Mirador del Garbí era una muy buena idea. 

La alarma sonó a las 05:30 am. Si os soy sincera no sabía que era capaz de despertarme a esa hora, levantarme de la cama y hacer cosas con sentido, pero me he dado cuenta de que cuando se trata de visitar algún sitio, esté cerca o lejos (como lo fue en el caso de Londres), me despierto inquieta y llena de curiosidad por lo que puede depararnos el día.

Salimos de casa a las 06:10 porque no habíamos preparado nada la noche anterior. Esperábamos salir y tener frío pero el calor nos abofeteó la cara nada más abrir la puerta del patio. Todavía era de noche y podíamos escuchar alguna que otra chicharra, aunque no podía compararse al canto que escucharíamos después en la montaña.

Cuando llegamos al parking ya había luz pero no me di cuenta de que llegábamos tarde para ver el amanecer desde el mirador hasta que, bueno, vimos el amanecer en mitad del camino. Me dio rabia no haber llegado a tiempo pero estaba tan enamorada de todo lo que me rodeaba que me dediqué a fotografiar y grabar lo que podía. Los videos que conseguí hacer del amanecer tienen tan poca calidad que ni los he añadido al video del canal. Aun así, para ser nuestro primer video-viajero, estoy muy contenta con lo que conseguimos capturar.

Cuando llegamos arriba, el sol ya había salido. Saludamos a dos personas que estaban sentadas en uno de los merenderos y caminamos hacia el mirador. Las vistas nos parecieron increíbles. Es impresionante ver la belleza de la Tierra extenderse ante ti.

Disfrutamos de las vistas y el lugar a medida que pasaba el tiempo. Nos entreteníamos fotografiando detalles de la naturaleza y mirando, cada dos por tres, el paisaje que se extendía ante nosotros. Parecía que estábamos en una nube.

La sorpresa nos la llevamos cuando nos encontramos con los restos de un botellón al bajar a unas rocas que hay por la zona. Es un tramo bastante accesible sin barandillas que hagan de frontera entre tu cuerpo y el vacío. Supusimos que la juerga había sido reciente porque había vino derramado por la roca. Vimos cinco botellas y una de ellas estaba rota. Habían colillas, cristales y trozos de corcho por todos lados. Era un desastre en mitad de un lugar único. En mitad de un espacio que podía arder con facilidad. 

Por tema covid-pandemia-brotes estuvimos dudando entre cogerlas o dejarlas allí pero sabíamos que si volvíamos a casa sin haberlas cogido habríamos estado todo el día comiéndonos la cabeza así que la solución fue coger las que estaban enteras, vaciarlas de Lambrusco y, sin tocar las boquillas, desinfectarnos con gel al llegar al coche. Hicimos lo mismo después de reciclarlas. 

Tras aquello sentimos que debíamos volver cuanto antes y como teníamos material suficiente, decidimos regresar al coche. 

Si quieres puedes ver el video de esta pequeña escapada:

Esperamos que estés disfrutando de las experiencias y momentos que compartimos contigo. Nosotros estamos muy orgullosos de la dirección que está tomando este espacio. Os mandamos un…

¡Abrazo viajero!

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